Manuel Sánchez Cuadra
No cabe duda: cuando fallece alguien a quien queremos también nosotros morimos un poco.
Esta sensación de vacío, de hueco que ya nunca se podrá llenar, la hemos vivido todos los miembros de la Encerrona, y muchos otros amigos, al enterarnos del fallecimiento de Manuel Sánchez Cuadra.
Buen amigo de sus amigos, le encantaba discutir sobre cualquier tema. Así, estando él presente, las reuniones siempre eran amenas y divertidas, surgiendo la porfía sobre los asuntos más dispares, las más de las veces intranscendentes.
No obstante, el rasgo de su carácter que más destacaba era el humor. Un humor inteligente, creador de bromas y situaciones inverosímiles, ante el que los presentes debían estar en guardia para no aparecer como unos auténticos incautos. ¡Cuantas anécdotas, cuantos buenos ratos que nos deja para siempre!
Cada uno de nosotros guardará sus recuerdos de Manuel, pero seguro que uno es común: la romería del día de San Mateo. En efecto, sin menoscabar la colaboración y la participación de muchos otros, cada 21 de septiembre Manuel se convertía en el centro de una reunión multitudinaria que contaba con más de cuarenta personas. Casi todo giraba en torno a él, por la ilusión que transmitía desde los preparativos de los meses previos, hasta la sobremesa de aquellas tardes bajo la arboleda del Santuario. Recuerdos inolvidables con el sonido de fondo de sus canciones preferidas.
Luego la vida, tantas veces tan bella y generosa, se convirtió en un castigo cruel y le negó durante varios meses la esperanza. Se enfrentó de cara a un final que el sabía cierto, mientras todos protestábamos por lo injusto, por lo inmerecido de su situación.
En el futuro, todos nos encargaremos de que Adrián, su nieto, que tantas fuerzas le dio, sepa que su abuelo fue un gran hombre, que le quiso con un cariño infinito y que, cuando el día de mañana le digan que se parece a él, estará recibiendo el mayor halago que le puedan dedicar.
Por último, desde estas líneas queremos decirles otra vez a Gelines y a Natalia, Marián, Elsa y Manuel, que pueden estar orgullosos de él, que también nosotros lo estamos, y que, aunque ahora su recuerdo sea muy doloroso por la cercanía de su pérdida, pronto llegará el día en el que evocar su figura nos dará fuerza y confianza ante las dificultades, pensando en como habría actuado él, como habría superado los obstáculos.
Sepan su mujer, sus hijos y todos los que le querían que, al igual que ellos, le echamos de menos y que le llevamos para siempre en el recuerdo y el corazón.
Sus amigos.
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