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El 30 de noviembre
pasado no desaproveché la ocasión de asistir en Tordesillas a una de las
muchas actividades que la Asociación de Pandas Tordesillanas viene
realizando. Se trataba de la V Jornada Taurina Fiesta Tradicional de
Tordesillas, en esta ocasión dedicada a la seguridad en los encierros.
En el acto, moderado por
Javier González Celay, participaron como ponentes Callo Martín
(coordinador de transporte de Cruz Roja), David Rodríguez, uno de los
mejores corredores de todos los tiempos y Damián Revuelta de la Asociación
La Encerrona de Ampuero. Todos ellos superaron ampliamente las
expectativas por lo que la reunión resulto amena e interesante, con muchas
aportaciones del numeroso público asistente.
Quedó claro a lo largo de la tarde que la
riqueza y la diversidad, en cuanto a festejos taurinos populares se
refiere, hace muy difícil establecer unas pautas comunes para todos ellos,
puesto que lo que puede resultar adecuado e incluso imprescindible en un
caso, es o puede ser contraproducente en otro. Paradójicamente, los
distintos Reglamento Taurinos Regionales parecen ignorar esta
circunstancia, pretendiendo que todos los festejos se corten por el mismo
patrón.
Y sin embargo, dejando clara la multiplicidad
de festejos taurinos, dos conclusiones se abrían paso a través de las
horas. En primer lugar, reforcé la convicción ya adquirida de que a todos
nos preocupa lo mismo. La charla se podría haber desarrollado en cualquier
otro punto de la geografía. Porque cuando el aficionado levanta la mano
desde el fondo de la sala pidiendo la palabra, su intervención refleja la
misma inquietud que la sentida por otros aficionados de cualquier parte de
España.
De manera especial, preocupa el gran salto
existente en la actualidad entre los encierros hechos con carretones y los
de verdad. Los jóvenes se ven privados de la posibilidad de aprendizaje
para enfrentarse a toros reales. Pero, reconozcámoslo, este asunto
probablemente no tenga marcha atrás. En efecto, un accidente serio (no
digamos el fallecimiento) de un menor de edad en un encierro infantil
sería un asunto de la máxima gravedad sin justificación posible. Se debe
imponer, por tanto, la imaginación para intentar suplir esa carencia, para
que el chaval que tiene esta afición pueda perfeccionar sus cualidades
paulatinamente, progresivamente, adquiriendo los recursos suficientes para
salir airoso cuando lo que aparece al fondo de la calle es una manada
compuesta por varios hermanos de 500 kilos.
La segunda conclusión fue comprobar una vez
más cómo el motor que mueve todo esto se alimenta de la ilusión de los
organizadores. Conozco esta faceta de primera mano y les aseguro que los
medios siempre son escasos. Por suerte, nunca falta un grupo que dedica
tiempo, esfuerzo y algo más para que estas actividades salgan adelante.
Claro que siempre tendrán un privilegio: serán los únicos responsables
cuando las cosas no discurran por el camino apetecido. Si todo sale bien,
la primera persona del plural se empleará por muchos otros con inusual
frecuencia.
Lo dicho hasta ahora, a primera vista, puede
parecer preocupante. Y sin embargo, tenemos casi todo para afrontar el
futuro con optimismo: una problemática homogénea es una oportunidad para
unirnos, para apoyarnos. Los problemas son de todos y son comunes, por lo
que será mucho mas efectivo afrontarlos juntos. Y hacerlo con la ilusión
que demostraron los organizadores es el mejor seguro para superar los
obstáculos que el porvenir nos pueda deparar.
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